José I. Fernández Montequín

“El vínculo con el ser humano es esencial”

Afirma el doctor José Ignacio Fernández Montequín, pionero en la aplicación del Heberprot-P en pacientes con úlceras de pie diabético

Le preguntaron: “¿qué quieres estudiar?”, y él resueltamente respondió: “medicina”. Toda la vida supo, o al menos él lo cree, que esa sería su carrera. Sus manos estaban destinadas a sanar, a operar, a salvar…

Y así fue: el doctor José Ignacio Fernández Montequín, hoy investigador auxiliar del Instituto de Angiología y Cirugía Vascular (IACV), terminó el bachillerato y comenzó a materializar su sueño.

“Cuando triunfó la Revolución —recuerda—, mi papá era conserje en un banco y ganaba 110 pesos. Tú no podías hacerte médico con ese salario; inicialmente la matrícula costaba 60 pesos. Él sabía que a mí me gustaba la carrera, entonces me dijo: ‘yo voy a ahorrar para que tú sepas lo que es la medicina, pero nada más te voy a pagar el primer año’”.

Ante Montequín se asomaba un futuro potencialmente difícil: “no podía comprar los libros —señala—; tenía que ir a la biblioteca. Yo estaba muy decidido, pero no sabía qué hacer para pagar los años siguientes. Solo quedaba una opción: trabajar, estudiar por la noche, y sacar las asignaturas poco a poco. Por suerte llegó Fidel, soy médico gracias a la Revolución”.

Sin perder la unidad con el paciente
José I. Fernández Montequín tiene más de 40 años en la medicina. La vida, como él señala con modestia, le ha posibilitado hacer de todo en su rama: “trabajé en la atención primaria, en la zona rural, participé en misiones internacionalistas, he podido dirigir, investigar…”.

Estuvo al frente del IACV. Fue pionero en la aplicación del Heberprot-P, producto biotecnológico cubano único en el mundo, en pacientes con úlceras de pie diabético; y aprecia el impacto que tiene el medicamento.

“Aquí en La Habana —cuenta— había una enferma que, cuando se le aplicaba el Heberprot, sentía gran ardor, pero decía: ´aunque me duela y me arda, siga con el tratamiento, porque sé que me va a curar´. Y efectivamente, con 6 aplicaciones logró cerrar una úlcera de muchos años.

“Ese fue uno de los primeros casos que inyectamos: una mujer muy resistente. Durante más de un año estuvo en nuestras consultas; con el advenimiento del producto se sanó en 15 días”.

Para Montequín, también profesor auxiliar de la Universidad Médica de Cuba, el vínculo con el ser humano es esencial. “El médico especialista cubano —expresa— está formado para hacer labores asistenciales, docentes e investigativas. Todo está en que lo quieras hacer.

 “A los alumnos, tanto residentes como de pre-grado, hay que educarlos con el ejemplo. A los hombres y mujeres que formamos debemos transmitirles cualidades. Hay un concepto que es fundamental: nunca perder la unidad con el paciente. Cuando rompes eso, tus principios se adormecen y no puedes avanzar”.

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