Medio siglo de un horrendo crimen
Ha transcurrido medio siglo y el entorno de la finca Palmarito, en la zona de Limones Cantero, en Trinidad, ha cambiado. Se ha convertido en sitio de peregrinación desde entonces cada año, pero el bienvestido que sirvió de instrumento a los asesinos permanece desafiando el tiempo, aunque más robusto, tal vez abonado por la sangre de los mártires.
Hasta allí, cerca de la casa, fueron arrastrados moribundos y colgados de las ramas el maestro Manuel Ascunce Domenech y su alumno, el campesino Pedro Lantigua Ortega, por miembros de una de las numerosas bandas de asesinos que se propusieron sembrar el terror para derrocar la recién triunfante revolución cubana, alentadas y subvencionadas por el gobierno de los Estados Unidos; los crímenes no quedaron impunes.
Mientras hoy el lugar se inunda de jóvenes que siguieron el ejemplo del alfabetizador y muchos participantes de aquella gesta, junto a familiares de los caídos, Osvaldo Hernández Villazón recuerda su más ingrata misión, bajar los cadáveres del árbol para rendirle el debido tributo.
Desde el borde de la cerca que protege el sitio, el viejo combatiente rememora los hechos de los que fue protagonista excepcional en ambos bandos, pues también logró penetrar las filas enemigas y conoció detalles de tenebrosos planes que ayudó a desarticular y de horrendos crímenes que cometieron.
“Pedro era un hombre bravo, llevaba poco tiempo en el lugar, estaba con la casa abierta y según se supo por los propios asesinos lo inmovilizaron tres hombres por la espalda cuando fusil en mano salió por el frente de la vivienda a enfrentar al intruso que se identificó como compañero… estuvo a punto de liquidar al jefe bandido Juan Emilio Carretero y a algunos más, disponía de varios cargadores de balas", rememora “Coco”, como muchos conocen a Osvaldo.
Mira para la multitud que se dio cita en el 50 aniversario de la caída de los revolucionarios tratando de identificar a viejos compañeros de lucha, pregunta por Orlando Valdés Alfonso, junto a quien realizó la penosa acción de rescatar los cadáveres de Ascunce y Lantigua, presente también en el acto.
María Dolores Ascunce, la hermana del mártir asistió al homenaje; apenas puede referirse a los momentos cuando conocieron del asesinato de Manuel, una carta dirigida a la madre, recibida mientras se velaba el cadáver, los alertaba de la inconveniencia de ser visitado por lo peligroso de la zona.
Hasta el lugar han llegado representaciones de alumnos de ciencias pedagógicas de todo el país. Hoy también queda constituido el contingente número 40 de estudiantes de esas carreras que lleva el nombre de Manuel Ascunce Domenech.
Isnery Lantigua García usó de la palabra y expresó que no tuvo el privilegio de conocer a su abuelo, pero sabe por los relatos de su padre y tíos que era un hombre humilde, trabajador, revolucionario a quien le privaron la posibilidad de terminar de formar a la familia de seis hijos, la mayoría pequeños, rol que debió asumir su abuela.
Se pregunta: "¿Cómo pretenden los imperialistas que olvidemos actos como estos; las agresiones, el bloqueo, la diseminación de enfermedades como el dengue hemorrágico que provocó la muerte de niños cubanos?... ¿De qué derechos humanos hablan si tienen injustamente detenidos a cinco cubanos que no pueden estar con su familia?"
El ejemplo de Manuel y Pedro se ha multiplicado, muchos de los compañeros del campesino miliciano continuaron en las fuerzas de defensa del país y participaron en la lucha por preservar la libertad en otros pueblos, generaciones de jóvenes se han formado como maestros mientras las universidades cubanas abren sus puertas a estudiantes de otras latitudes. Solo en la provincia de Sancti Spíritus, donde se celebró la conmemoración, se forman jóvenes de 17 países.



