Cómo se entierra a un equipo
En la tarde del lunes los pocos asistentes a la sala capitalina Ramón Fonst presenciaron la defunción de un equipo cuando los locales vistieron la levita negra, usada antaño, para encarnar el papel de sepultureros en el entierro de Guantánamo.
Los actuales campeones nacionales de la Liga Superior de Baloncesto tuvieron un comienzo digno de olvido al perder el primer cuarto del choque 9-22, resultado tras el cual impusieron su clase y acorralaron a los guantanameros para terminar llevándose el partido con pizarra global de 84-66.
Guantánamo necesitaba las dos victorias para mantener las posibilidades, al menos matemáticas, de avanzar a la fase de semifinales del evento como sucedió en la edición anterior en el año 2010; pero los Capitalinos se encargaron de sepultar esas esperanzas.
No fueron suficientes los esfuerzos desesperados de los jugadores del Guaso, ni la presión que intentaron aplicar a la marcación tras obtener ventaja de 13 cartones luego de los diez minutos iniciales. Tampoco fue efectivo el bombardeo desde la larga distancia cuando los Azules les impidieron la entrada al área, el momento donde más necesitaron del tino de sus mejores artilleros.
Capitalinos dio una lección de baloncesto en toda la extensión de la palabra. Más inteligentes, más certeros y rápidos, mejores en el juego interno y dominantes bajo los tableros. Una combinación letal que los visitantes no pudieron encontrar la forma de desarticular.
Pero, para enterrar a un equipo hay que seguir algunos pasos básicos. Eso si se quiere hacer con toda la solemnidad que el momento precisa, claro está. No es un prospecto, ni una camisa de fuerza, pero la efectividad está garantizada.
Se necesita un equipo superior (eso lo puso Capitalinos), una situación extrema y algo de público en las gradas. El ingrediente “público” continúa siendo una asignatura pendiente en nuestros espectáculos de baloncesto, por desgracia.
Cuando ya se tiene esos tres requisitos cumplidos entonces deje al conjunto débil tomar alas, que sienta en sus jugadas la posibilidad de ganar. Si es posible déjelos lucir bien, al menos por un rato, uno debe ser siempre muy humano en cuanto a temas tan delicados.
Cuando esté bien confiado, y en plena batalla por mantener con vida las esperanzas, entonces es el momento justo de actuar. Desbarate su castillo de naipes, disipe la nube y verá desmoronarse al contrario. Demuestre la diferencia real que existe entre encestar la bola y jugar baloncesto.
Con eso basta. Las equivocaciones, los desacuerdos y el desorden vienen incluidos. El resto es al gusto. Si se quiere adornar el entierro con jugadas de ensueño, acrobacias o algunas “clavadas” en el aro rival, usted está en toda la libertad de hacerlo. Pero advertencia, no todos los equipos tienen la misma tolerancia para este tipo de demostraciones, hay a quienes les puede hacer daño, e incluso molestar.
Por cierto, las noticias fúnebres no fueron exclusivas de ese partido. También los villaclareños lloraron ante el féretro de su equipo al quedar eliminados tras caer ante Ciego de Ávila 83-58, con lo cual quedaron sin posibilidades de desbancar a los matanceros del cuarto lugar de la LSB.
Los de Villa Clara precisaban dos victorias para poder soñar con el boleto semifinalista que otorgaba el cuarto escaño de la tabla, y con esta derrota vieron esfumarse sus pretensiones de regresar al cuarto de avanzada del baloncesto nacional.
De esa manera quedaron definidos los cuatro equipos que tomarán partida desde el próximo 11 de febrero en las semifinales del torneo que tendrán como rivales a Ciego de Ávila y Matanzas, y a Capitalinos y Camagüey.



