El Comandante y la poesía
Al verlo llegar en el vehículo descapotado, la multitud que colmaba la capitalina Avenida de las Misiones, frente al Palacio Presidencial se inundó de vítores y de todas las gargantas brotó su nombre, ese que designaba al revolucionario cabal que todos admiraban, y parecía creado para un Héroe: Camilo, con sus Cienfuegos de gloria.
Al mar de brazos agitados en señal de saludo él respondía también, alzando sus brazos de trabajador, de cubano sencillo, que una vez se transformaron a fuerza de decisión, valentía y coraje en brazos de combatiente, de Comandante.
Era el 26 de octubre de 1959. La emotiva arenga que pronunció Camilo desde la terraza Norte del Palacio, la última que haría ante su pueblo, fue acompañada de aplausos en cada pausa del discurso.
Muchos recuerdan ese momento clímax en que pronunció con voz enronquecida por el fervor patriótico: "Porque para detener esta Revolución cubanísima, tiene que morir un pueblo entero y si eso llegara a pasar, serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne:
Si desecha en menudos pedazos
se llega a ver mi bandera algún día
nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía.
Una vez más el Señor de la Vanguardia recurría a la poesía para expresar sus sentimientos más hondos. En 1956, antes de partir a Cuba desde México en el yate Granma, grabó en su gorra de expedicionario estos versos de Plácido:
Extendidas las manos he jurado
ser enemigo eterno del tirano
y morir en las garras del verdugo
si es necesario para romper el yugo.
El propio Camilo aseguró que había escogido como lema de su existencia un verso del poeta español José de Espronceda que expresaba:
Y si muero ¿qué es la vida?
Por perdida ya la di
cuando el yugo del esclavo
como un bravo sacudí.
Supe por boca del Indio Naborí, hace años, que, al conocer la afición de Camilo por la poesía revolucionaria, el poeta le había hecho llegar a Las Villas, a través de un compañero comunista, gran amigo suyo que iba a incorporarse a las fuerzas guerrilleras, un poema suyo titulado Diana del Pueblo.
Era, según palabras de Naborí, “una oda al soldado cubano, un llamado a los miembros del ejército de la tiranía para que se pasaran al verdadero ejército del pueblo.”
Relató que el poema llegó a su destino y fue leído el 30 de octubre de 1958, mientras Camilo confeccionaba la Orden Militar No. 29.
Decía Diana del Pueblo:
¿A dónde vas, mi hermano
con el traje amarillo y el fusil en la mano?
¿A defender qué cosa?
─A matar ciegamente como el viento a la rosa.
Así no puede ser: existen las ideas,
las claras convicciones,
tú eres hombre, tú vives, tú sientes. No; no seas
un muñeco de cuerda de ciegas ambiciones.
Esos que te disparan desde su alta trinchera,
disparan obligados por la presión de un pie,
para limpiar con sangre la mancha en la Bandera
¿pero tú…para qué?
¿Para el mismo mendrugo?
¿Para entenebrecerte de luto y de traición?
¿Para cuidar el oro sangriento de un verdugo,
sus palacios, sus yates, sus fincas, su ambición?
No; no vayas al frente
automáticamente
por un traje y un rancho…
Únete a la cruzada de juventud valiente
que quiere un horizonte más luminoso y ancho.
Ah, cuando junto al Pueblo se decida tu suerte
sentirás en las venas arder el heroísmo,
tendrás una sonrisa para mirar la muerte
y entonces, solo entonces, pelearás por ti mismo…
Pelearás por tu padre ─campesino sin tierra ─,
pelearás por tu hermano con los brazos en cruz,
pelearás por tus hijos el futuro de luz
y sabrás cómo es santa cuando es justa la guerra.
Y que vayan al rojo ciclón de los combates
los que tienen, traidores, un oscuro porqué;
defender sus queridas, sus ingenios, sus yates,
pero tú…¿para qué?
Es defender la patria la mejor disciplina…
Búscate más adentro del traje de soldado
el corazón obrero, el alma campesina,
el estudiante malogrado.
Agua desentendida de su fuente,
tu cauce te reclama…
Si quemas a tu pueblo, de ese fuego indolente.
inevitablemente
te tocará una llama.
¿No escuchas a Maceo gritar del otro lado?
¿No escuchas el clamor de tu querida Bandera?
¡Adelamnte, Soldado,
que la patria te espera!
Adelante Soldado:
la trinchera del pueblo es tu trinchera.
Estos versos llegados a manos de Camilo fueron publicados también en el exilio y declamados también en Radio Contiental de Venezuela y Radio Rebelde.
Aunque el mayor orgullo de su autor fue que el Comandante Guerrillero los hubiera utilizado a favor de la causa revolucionaria.



