Flores, ¿en peligro de extinción?

Cuatro proyectos abarcan el mejoramiento, sostenibilidad de la producción, normalización y validación de tecnologías para la obtención de semillas, y son dirigidos por igual cantidad de mujeres

Cuando eran muy jóvenes, mi tía Cuca hizo el jardín y mi padre la arboleda. Dos enormes gardenias imperaban a ambos lados, en el primero, y cuidadosamente ubicados había jazmines, azucenas, rosas, marpacíficos y plantas ornamentales. La fragancia de sus flores se mezclaba con las de los frutales creando un éxtasis en la casa de mi infancia.

Era espléndido, pero no exclusivo; había otros jardines en los alrededores, porque la tradición de las familias, que se transmite de una generación a otra, involucra a mujeres y hombres en un afán por la belleza, por alimentar al espíritu tanto como al cuerpo.

Y no es casual que esa propia necesidad llevara a especialistas del Instituto de Investigaciones Hortícolas Liliana Dimitrova, de Quivicán, a incluir en sus estudios el desarrollo de tecnologías de cultivo, poco exploradas hasta el momento, de especies de plantas que producen flores ornamentales.

Estas, al igual que las hortalizas y los condimentos, pueden cultivarse en áreas reducidas, incluso dentro de los propios huertos, con el beneficio que esa simbiosis tiene en la prevención de las plagas, ya que diversos olores y colores atraen insectos, y bien manejados pueden ser depredadores de otros que resulten dañinos.

En busca de mejores flores

Cuatro proyectos abarcan el mejoramiento, sostenibilidad de la producción, normalización y validación de tecnologías para la obtención de semillas, y son dirigidos por igual cantidad de mujeres. La Habana, Mayabeque y Artemisa son el polígono principal de pruebas, no solo por la cercanía con la sede del instituto, sino por la antaña tradición que hay en estos territorios de lograr diversidad de flores tropicales de excelente calidad.

Otras pruebas se extienden a Topes de Collantes, en el Escambray, y a la Gran Piedra, de Santiago de Cuba, buscando en la altitud, clima y condiciones edafológicas la posibilidad de proliferar aquellas especies de alta demanda en el mercado nacional, que sustituyan las costosas importaciones.

Virginia Marrero González, especialista principal en flores, del Liliana Dimitrova, reconoce las potencialidades de estos programas y del extensionismo que despliegan hacia la base productiva, incluida la capacitación para lograr cosechas sostenibles.

Sin embargo, admite que las semillas —elemento decisivo de toda producción agrícola— constituyen una de las principales limitantes en los empeños de los científicos. “Nosotros proponemos las tecnologías y metodologías que deben usar para obtener simientes y flores, esencialmente a los agricultores que se incorporan a través del Decreto Ley 259, pero no es suficiente, y el precio de la semilla en el mercado internacional es superior al de las mismas flores.

“Ellas requieren técnicas y tecnologías que contribuyan a mejorarlas; estamos rodeados de flores pero la mayoría no cumplen los requisitos de calidad que exige la gama de sus clientes; los precios que se pagan al productor son bajos y los insumos muy escasos. Estamos haciendo estudios de poscosecha, desde que están en el campo, recogida, traslado y comercialización, y vemos que no siempre se tratan como debe ser.

“El mundo produce flores en condiciones protegidas; es un negocio altamente rentable, que exige fertilizantes, pesticidas y riego. Trabajamos en los nichos ecológicos ya mencionados, aun sin garantía para poner los insumos que se requieren. No son un programa priorizado que logre garantizar cantidades estables en todo el país. Ahora se convierte en acicate el hecho de que los productores pueden vender sus flores en instalaciones turísticas, y quizás con esa remuneración consigan invertir más en su cultivo.

“Tenemos un proyecto de investigación para el desarrollo de flores tropicales adaptadas más a nuestro clima, más duraderas, con aceptación entre la población y en los hoteles: lirios, antochas, aves del paraíso, anturios, alpinias, eliconias, helechos; tienen perspectivas y trabajamos para extenderlas a otros territorios.

“Siempre habrá que importar algunas especies, reduciéndolas a las que no se reproducen con la debida calidad en Cuba, como las rosas y los claveles españoles; todavía se invierte mucho dinero para traerlas desde el Ecuador, aun cuando tenemos excelentes productores, hasta con experiencia de más de 20 años”.

Sin recursos

Después de recorrer decenas de kilómetros por la campiña de San Antonio de los Baños en busca de los productores que atesora el territorio, la frase de “las flores están en peligro de extinción” se hizo rutinaria. No abundan las plantaciones, aunque la visita antecedía al Día Internacional de la Mujer, cuando hay más demanda.

Quedan pocas féminas en estos cultivos, de labores delicadas y armónicas con su sensibilidad, fuente de empleo para ellas en las zonas rurales, y se observa la desmotivación entre quienes sostienen las escasas entregas.

Al final del mediodía, hallamos a Zenia Rojas sacando bulbos de gladiolos en una plantación ya cosechada. La muchacha no es trabajadora habitual, aunque tiene nociones elementales de la selección, calidad y requerimientos de estas simientes.

En la finca de Germán Herrera, en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Vicente Pérez Noa, estaban paridos los girasoles, claveles y crisantemos, pero la roya ha invadido a los gladiolos y mengua su crecimiento y calidad.

“Esta plaga nunca había atacado al gladiolo, al menos en mi finca, y no tengo pesticidas ni tecnología para combatirla ni esperanzas de cosechar las cantidades que normalmente obtengo en esa área”. Germán tampoco está animoso con las demás especies y padece porque cada año dispone de menos recursos para cultivar, regar y proteger sus sembradíos.

Según las informaciones de Senén Guzmán, presidente de la CCS Vicente Pérez Noa —aporta el 33 % de las flores de San Antonio de los Baños—, la producción ha disminuido más del 30 % en este municipio. “A la falta de combustibles, pesticidas y abonos, se suma que no tenemos con qué combatir la roya, el ácaro y el trips que invaden las plantas y afectan los volúmenes y la calidad.

“Hace tres años que no tenemos garantía de semillas de gladiolo, y gracias a las muchas gestiones ahora disponemos de una cámara de frío en Artemisa para conservar las que obtenemos en las fincas.

“Alrededor de 23 campesinos de la CCS cultivan flores, que tienen precios muy bajos y algunas ni se incluyen en las listas oficiales de precios; otro desestímulo para producciones tan especializadas”.

Al pasar por las ciudades de Ciego de Ávila y Camagüey se observan bellas flores expuestas en vitrinas y tarimas, que aportan directamente los productores de la agricultura urbana y suburbana; no obstante la baja calidad se evidencia en el centro de acopio de San Antonio de los Baños y en las propias ferias que hacen en la capital en días señalados como el de las madres.

Olga Lidia Reyes, especialista del citado centro, ha visto cómo en los últimos 20 años han disminuido la calidad y cantidad de flores que llegan a la instalación, en la cual se seleccionan y distribuyen para su comercialización. “De aquí salían bellas y sanas, pero además de los problemas de la producción, incide la deficiente manipulación y traslado hasta aquí y luego hasta la capital.

“Los precios tampoco estimulan, imagínese cuánto cuesta producir gladiolos y cada docena se paga a 6,50 pesos, la margarita a dos pesos; los demás surtidos tienen precios ridículos y se fijan de acuerdo a su calidad. No cuentan con ninguna prioridad y están en peligro de extinción”. Es justo que la producción de alimentos tenga la máxima prioridad, pero algo habría que dejar para las flores porque ellas son alimento para el alma.