Invasión por Playa Girón

La huella de David

David Andrés Durañona siempre le decía a su primera esposa y a sus tres hijos que tanto en Girón, como en Argelia o en otros lugares donde estuvo, él no había hecho nada extraordinario, sino lo mismo que cualquier cubano

Si muchas personas se enorgullecen de haber tenido un bisabuelo o un tatarabuelo mambí, también los hay que pueden decir con igual modestia: mi abuelo combatió en Girón.

La certeza de tal comparación late en la casa donde vivió el tunero David Andrés Durañona Figueredo. Una fatal isquemia cerebral le provocó la muerte en octubre de 1999. Nunca le gustó narrar vivencias o méritos personales, de los cuales su familia conserva testimonios y recuerdos de gran valor.

Uno de los más interesantes se remonta a aquel abril en que el tanque T-34 conducido por Durañona mojó sus esteras en el litoral sur yumurino, conforme a la orden dada por el Comandante en Jefe, en medio de la invasión mercenaria. 

"Muchos detalles los hemos conocido por medio de documentos -admite David- porque mi padre hablaba muy poco de su vida y de sus méritos."

Según una síntesis biográfica y referencias aportadas por miembros por la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, luego de realizar David algunos disparos desde el tanque, Fidel, decidido a impactar sobre el buque Houston, abordó un SAU 100, de mayor alcance, "dejando en su descenso y para la historia esa instantánea que hoy constituye todo un símbolo en cada conmemoración de la heroica victoria de nuestro pueblo en Playa Girón".

Aquellas vivencias, sin embargo, no solían ocupar prominente espacio en las conversaciones de David, según explica Ofelia González Leyva, su primera esposa:

"Siempre nos decía a mí y a nuestros tres hijos que tanto en Girón, como en Argelia o en otros lugares donde estuvo, él no había hecho nada extraordinario, sino lo mismo que cualquier cubano, y que lo importante era hacer siempre más y más. Por eso le molestaban tanto las cosas incorrectas, las personas sin trabajar, las indisciplinas..."

"Mi padre fue así -añade Belquis, trabajadora de la Escuela Vocacional de Arte El Cucalambé- modesto, sencillo, apasionado con su trabajo, cumplidor de sus deberes... Y aunque hablaba poco sobre su vida, sembró en David, en mi hermana Bertha y en mí, una huella muy linda que siempre le podremos transmitir a nuestros hijos, nietos, sobrinos y demás familiares."

Por eso, en días como estos a Ofelia y a sus hijos les parece ver a David dentro de su T-34, rodando desde Managua hacia el sur matancero, por caminos desconocidos, atento a orientaciones de José Ramón Fernández, avanzando bajo el fuego enemigo, luego con el tren de rodaje en plena arena, jubiloso por los disparos de Fidel sobre el Houston, feliz por la victoria, triste por la pérdida de valiosas vidas, ecuánime durante el regreso a la capital, fundido en un abrazo con su esposa, sin importarles ni a él ni a ella el sudor del cuerpo, el polvo del camino, el hollín del combate...

Nada de ello es imaginario. Fotos, recortes de prensa, álbumes, cartas y otros documentos, ocupan especial lugar en la casa de Durañona: un hombre que, desde su proverbial silencio, correspondió con hechos el privilegio de haber nacido un 26 de julio (1936), integrar el MR-26-7 y el Ejército Rebelde, estar junto al Che en La Cabaña y haberse formado luego en aquel curso de medios blindados, que vino como anillo al dedo de la historia para aplicar de inmediato lo aprendido en las arenas de Playa Girón.