Trabajadoras por cuenta propia

Círculos infantiles también para ellas

Más facilidad para trabajar e igual atención con sus hijos destacan madres que se desempeñan en el sector no estatal, quienes acceden a estos centros  

A Tahimí Yin Horta, compradoravendedora    de discos, la cotidianidad    le mejoró con el otorgamiento de capacidades    en el círculo infantil. Desde    hace poco, cada mañana llega con sus    pequeños Cinthya y Maykol al Alegres    Cubanitos, de La Habana Vieja,    un lugar donde siente igual atención    que cualquier otra trabajadora, al    reconocer este beneficio extendido a    madres, que como ella, se desempeñan    en el sector no estatal.    

“Yo era ama de casa, quería buscar    trabajo, y obtuve esta licencia”, cuenta    la joven de 23 años, quien ya empleada,    inicialmente recurrió a una asistente    infantil para el cuidado de niños,    debidamente autorizada, a quien    pagaba más de seis veces, la cantidad    que ahora abona en el círculo.    

Hay tranquilidad en sus palabras. “Hice mi solicitud en la dirección municipal    de educación, sabía que demoraría    la respuesta —así me lo informaron—,    y transcurrieron meses de    espera. Aunque tengo otros círculos    más cercanos a la casa, estoy muy    contenta con que me aprobaran”.    

Yeni Alfonso Aldama es otra de las    beneficiadas. Titular de una cafetería    que oferta alimentos ligeros, atendida    por ella sola, también es la única    responsable de dos hijos, la mayor en    la escuela. “Es tremenda ayuda”, comentó mientras dejaba en manos de la    “seño” al pequeño Cristian.    

Ventaja que se multiplica en todo el  país 
   

Tal como está establecido, a los círculos infantiles tienen derecho todas las madres    trabajadoras, tanto las que laboran    en el sector estatal, como quienes    ejercen por cuenta propia; no obstante,    son conocidas las limitaciones de    capacidades que en este sentido persisten.    

Aun así, el acceso de las féminas    que se desempeñan en el sector no estatal    es cada vez más evidente. “De los 127 niños atendidos hoy en el círculo,    unos siete son de madres cuentapropistas”,    comentó Daimarelis Brook  Martínez, auxiliar económica de Alegres    Cubanitos, quien tiene a su cargo    el control de la permanencia en el trabajo    de todas las madres del centro.    

Trimestralmente, estas compañeras,    como el resto, demuestran su estatus    laboral mediante una certificación    que aporta el círculo y es avalada    por la dirección de trabajo y la oficina    de administración tributaria que le    corresponde, a fin de garantizar que    la estancia del niño se corresponda    con que se mantengan laborando.    

Hay otras mujeres que mantienen    a sus niños en el círculo, aunque este    otorgamiento les fue dado cuando laboraban    en centros estatales, donde    después quedaron disponibles. Tal es    el caso de Marlén Hernández Fernández,    quien ahora se desempeña como    vendedora de alimentos de forma ambulatoria,    pero anteriormente formó    parte de otro colectivo laboral en el    municipio del Cerro, de la capital.    

“Soy madre soltera. Cumplo con    mis obligaciones fiscales, estoy afiliada    a la seguridad social, y pago 40    pesos mensuales por el círculo; con lo    que ingreso, muchas veces me siento    apretada económicamente, pero    es una gran ayuda la atención de la    niña. Vivo sola con ella —Anayeisi    tiene cuatro añitos—, y de lo contrario    no podría continuar”, dijo.    

Otro tanto manifestó Milagros    Ponce de León, productora-vendedora    de figuras de yeso, desde hace poco.    “El niño está en el círculo hace dos    años, y ojalá se mantenga, porque mi    esposo también trabaja”, dijo.    

Con la experiencia de 30 años en    el sector educacional, Minerva Mursulí    Mursulí, administradora del círculo,    percibe la satisfacción de estas mujeres,    quienes colaboran con la institución    y son disciplinadas en sus    deberes. “Realizamos verificaciones    periódicas, intercambiamos con las    familias, y vamos teniendo muy buenos    resultados”, destacó.    

Desde bien temprano en la mañana,    la enfermera se ubica en la entrada,    para comprobar el estado de salud    de los niños. Más tarde, hay esmero al    recibir a los infantes en los respectivos    salones de acuerdo a sus edades. Juegan,    desarrollan hábitos y habilidades,    aprenden. Se valora la alimentación    del día, y hasta se identifican quienes    son intolerantes a determinados productos,    en busca de alternativas.    

Referirse al otorgamiento de matrículas    en los círculos infantiles es    algo que bien conocen las cubanas    desde hace décadas, y que lógicamente    estaba regulado por el Ministerio de    Educación. Hoy es muy válida la actualización    de lo establecido, con resoluciones    aprobadas recientemente,    donde se precisa que son los consejos    de la administración municipales, en    correspondencia con las necesidades    del desarrollo económico y social de    cada territorio, los que establecen las    prioridades, pero se tiene en cuenta    —y he ahí lo novedoso— a las mujeres    que trabajan en el sector no estatal.    

Ciertamente, desde este punto de    vista que muchos califican de humano    y con igualdad de oportunidades,    también se contribuye al crecimiento    y consolidación del quehacer por  cuenta propia en el país.