Cuando votan los fusiles
La situación de caos prevaleciente en la República de Mali, que desde el 22 de marzo pasado cuenta con un nuevo Gobierno surgido tras otro de los tantos golpes de Estado en esta nación de África occidental, no avizora una pronta vuelta a la normalidad y sí mayores dificultades para el logro de su estabilidad política, la reconciliación nacional y la mejoría de las precarias condiciones económicas de una población de 13 millones de habitantes.
La asonada castrense que derrocó y obligó a renunciar al presidente electo, el exgeneral Amadou Toumani Toure, sustituido ahora por Dioncunda Traeré, titular del Parlamento de Mali, designado provisionalmente al frente de la nación por la junta golpista, ha generado mayores pugnas y enfrentamientos entre sectores políticos rivales y las fuerzas separatistas.
Tanto Naciones Unidas, la Unión Africana (UA), la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), Argelia, la Unión Europea (UE) y Estados Unidos han condenado el golpe y pronunciado por el retorno a la normalidad.
Una de las más severas consecuencias de la quiebra del orden institucional y que ha puesto en peligro la integridad territorial de Mali, es la proclamación unilateral del denominado Estado independiente de Azawad, en el norte del país, realizada por el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad, integrado por la etnia tuareg, de confesión musulmana, que controla las ciudades de Nidal, Gao y Tombuctú, las principales de esa región norteña, preterida durante muchos años en sus niveles de desarrollo político, social y económico, lo que ha engendrado la marginalidad y grandes frustraciones entre sus pobladores.
El anuncio de la independencia de Azawad, que limita con Mauritania, Argelia, Níger y Burkina Faso, concitó de inmediato el enérgico rechazo de la CEDEAO y la UA por considerarlo nulo y carente de todo valor.
Desde un inicio ambas organizaciones devinieron principales gestoras de una solución pacífica y negociada al conflicto, aunque dispuestas al uso de fuerzas militares para proteger a la población civil de los enfrentamientos armados, evitar el desmembramiento del país y preservar su integridad territorial.
A tales efectos, la CEDEAO acordó el envío de un contingente internacional de 3 mil soldados a Mali en un intento por controlar a los insurgentes musulmanes en el norte de la nación, y solicitar además, a cada uno de los países miembros de la organización regional aprobar la iniciativa en previsión del fracaso de las negociaciones sostenidas entre las partes en conflicto y una comitiva encabezada por el presidente de Burkina Faso, Blaise Campaore, quien fue designado como mediador tras el golpe de Estado.
El arreglo entre los militares y el organismo africano establece el retorno al orden constitucional si son levantadas las sanciones políticas, económicas y diplomáticas impuestas por el grupo regional y estipula, asimismo decretar el perdón a los participantes en el levantamiento armado.
En este escenario, unas veces de manera pública y otras tras bambalinas, actúan las potencias imperialistas, que como Estados Unidos y Francia, tratan de “arrimar la sardina a la brasa” y esgrimen los argumentos de la necesidad de velar por el respeto a los derechos humanos, la lucha contra el terrorismo internacional y el supuesto peligro que supone para la convulsa región la presencia de Al Qaeda.
No obstante, estas “preocupaciones” no logran ocultar sus verdaderos intereses geopolíticos y estratégicos, que van de la mano con la avidez por los yacimientos de petróleo, oro, diamantes, uranio y los vastos recursos hídricos que posee Mali, a pesar de ser considerado el séptimo país más empobrecido de África.
La incertidumbre sobre una pronta vuelta a la normalidad dadas las contradicciones antagónicas entre los golpistas y sectores leales al derrocado Gobierno de Toure y los separatistas tuareg e islamistas, vislumbra un panorama poco proclive a un arreglo que ponga fin al autotitulado Estado Azawad y encauce por vías pacíficas y democráticas el rumbo de la nación sumida en la anarquía.
Mientras, la opción del voto de los fusiles ha ocasionado ya decenas de muertos y 200 mil refugiados.
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