Pan y palitroques, mala calidad ¿Quién responde?
Innumerables veces he comprobado —y denunciado, sin una eficaz respuesta— la muy disminuida calidad del pan que en forma racionada recibe la población capitalina, pero cuando el pasado domingo 15 de abril pregunté al administrador de la panadería —La Bien Aparecida, en la Calzada de Diez de Octubre— el porqué del mal aspecto del que se vendía ese día, recibí entonces un sinnúmero de criterios que a seguidas comparto con los lectores, para que saquen sus propias conclusiones.
“Mire, esta panadería lleva rota varios días y ese es el pan que nos mandan. Yo no me lo como tan malo y bajo de peso. ¡Ese es para animales! Y lo mandan en unas vasijas destapadas, a la intemperie. Nosotros mismos tenemos que alquilar el transporte para traerlo. ¡Figúrese, si no lo vendo, aunque sea así, la gente me mata! Si no aceptamos ese, ¿cuál vendemos entonces?” Así se expresó —con absoluto desenfado— el administrador de esa unidad.
¿Cuánto de cierto tendrán sus palabras? ¿Es que realmente somos animales los clientes de esta panadería? ¿Si en las condiciones de este centro su administrador se niega a aceptar un producto de tal calidad, qué sucedería entonces? ¿Funcionan los mecanismos creados para que fenómenos de este tipo no ocurran?
En el balance anual de la actividad de la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria (EPIA) de La Habana, en el año 2011 los participantes expresaron valoraciones como las que siguen: “Entre los peores males de la EPIA están la mala calidad y el pan bajo de peso, en lo que influyen la falta de tártaras en las unidades y dificultades provocadas por el ya obsoleto equipamiento tecnológico.
“El destinado a la población —el racionado— excepcionalmente puede calificarse como excelente, cuando más es aceptable o de regular a malo. (En contraposición con ello, en el informe presentado a esa misma reunión se expresaba que, según encuestas realizadas, el 75,6 % de la población sostenía que el pan era bueno, mientras el 18 % lo calificaba de regular y solo el 6 % lo catalogaba de malo).
“Cualquier UBIA —entidad municipal, popularmente conocida como empresa de pan y dulce— tiene 12 o 13 directivos, quienes si visitaran y controlaran adecuadamente las panaderías bajo su égida no hubieran dificultades. Cuando detectan una deficiencia entonces botan al panadero o al maestro panadero, y esa no es la forma de resolver los problemas. El buen trabajo de una panadería está determinado por la gestión de la UBIA”.
Doble choque con el mismo palitroque
Semanas antes había “chocado” por enésima vez con los palitroques, cuando con toda intención quise comprarlos al menudeo y en casi todos los lugares la respuesta fue la misma: “No, solo se venden por jabitas y el precio es de 10 pesos”.
Algo similar sucede con la venta de las conocidas galletas duras. Se venden en jabas y a igual precio —10 pesos—, lo que provoca que si alguien solo quiere comprar dos o tres galletas se ve imposibilitado de hacerlo. O —con solo la mirada— es calificado de extraterrestre.
Ante tal desaguisado, no pude menos que remitirme a mis apuntes periodísticos de un tiempo atrás, donde la dirección de la citada Empresa Provincial de la Industria Alimentaria aseguraba que lo indicado era la venta al menudeo de palitroques y las conocidas galletas duras, “de ahí que sea una violación comercializarlos solo en jabas de 10 pesos”.
En mi poder una carta de Isauro Veitía, del Vedado, quien se queja de los precios obligatorios. “Si no quiero 10 pesos de galletas o palitroques, por qué me obligan”, pregunta.
En la panadería de Toyo, eufemísticamente conocida como la Casa del Pan, fue donde más alarmantes fueron las justificaciones. Allí Pedro Rayarza, al frente de la unidad en el momento de la visita de Trabajadores, descargó sobre la dependienta toda la responsabilidad por la incorrecta venta del producto.
El día del recorrido encontramos similar situación en la Primera de 23, justo frente al conocido Parque de 23, en La Ceiba, en el barrio de Santos Suárez; y en La Marina, en Diez de Octubre y Concepción; mientras que días después el fenómeno fue similar en 17 y K, en el Vedado.
Aunque a simple vista podría parecer un problema “menor”, sí creo que allí se esconden algunas de las debilidades del actual accionar de estas unidades. El cliente no ve lo que compra; en cada jaba se unen la buena y la mala calidad, a la par de que he tropezado con algunas con menos contenido del que debieran llevar.
Los administradores aducen que en una cesta de exhibición el producto pierde calidad, o que basta con que en las tablillas aparezca el precio de una galleta o palitroque, lo que no sucedía ni en Toyo ni en La Ceiba.
Parecería que el propósito es salir lo antes posible de la mercancía —a como dé lugar—. Por suerte, el buen ejemplo lo hallamos en La Zaragoza, en Aguiar y Chacón, en La Habana Vieja, donde el producto, con una adecuada calidad y debidamente colocado en cestas, se comercializaba al menudeo, como está establecido.




Comentarios
Hasta cuando?Esto es desde
Hasta cuando?Esto es desde que yo era nino.Y no me digan que no saben lo que pasa.Verguenza es lo que falta y moral que nadie la tiene.Como dijo Carlos Varela "Todos se roban".
Pan y palitroques, mala
Pan y palitroques, mala calidad ¿Quién responde?:
Muy bueno el artículo, pero, ¿solo pan y palitroques?, hace alrededor de 10 años, los dulces en las dulcerías costaban $0.05 y su tamaño era aceptable, hoy casi todos cuestan $1.00 y son minúsculos y además también coincido, en muchas ocasiones de mala calidad.
No recuerdo a la población por ninguna vía se haya informado acerca del incremento de precio ni la disminución del gramaje, también sucede en pan, galletas y palitroques, ¿quién debe informar esto a la población?, si del pan normado, que debe continuar siendo de 80 gramos, no en muchas ocasiones se cumple.
Recientemente, al pasar en la noche por la panadería sita en Calz. Diez de Octubre y Luis Estevez, le solicité a la dependiente diez panquesitos, bastante escualidos, esta se enojó porque le solicité que cuatro de ellos me los cambiara por otros que se veían un poco mejor, no me dió los que le señalaba, sino con bastante mala forma me dió otros que ella entendió, parecidos a los que tenía y me dijo, "en vez de cambiar panques, lo que tienen que hacer es venir mañana y quejarse con el administrador, pues los que venden los cuenta propistas sí llenan los cucuruchos de papel en que vienen".
Por supuesto, percibí que todos parecían muy pequeños, aunque no conozco la norma, pero si ella trabajadora para justificar su atropello al cliente hace alusión a esto, ¿por que no lo haría ella?.
Es importante, que si las UBIAS, no cumplen su objetivo, que se incremente la exigencia de quien competa sobre estas estructuras evidentemente, poco operantes.