La oportunidad de ver buen cine francés

Continúa la afluencia de público  a cuanta sala acoja las  películas de este XV Festival  del cine francés en La Habana,  que muestra, como atractivo  adicional, la mayoría de sus  propuestas en 35 mm, soporte  casi desterrado

Continúa la afluencia de público  a cuanta sala acoja las  películas de este XV Festival  del cine francés en La Habana,  que muestra, como atractivo  adicional, la mayoría de sus  propuestas en 35 mm, soporte  casi desterrado.  

Mejor película en el Festival  de Comedias (Monte-Carlo),  la coproducción franco-belga  La oportunidad de mi vida  (2010, Nicolas Cuche) es una de  esas cintas sobre (dis)parejas  que al final, tras muchas peripecias  y desencuentros, terminan  por supuesto, resolviendo  sus conflictos, en este caso, la  presunta mala suerte que un  exitoso consejero matrimonial  inyecta en las mujeres de su  vida, hasta que conoce a Joana,  que al parecer tampoco es la  excepción, pero eso tan solo en  apariencia.  

Con el humor de todo tipo  (incluyendo el negro) de eficaz  herramienta, Cuche diseña  un periplo grato, ingenioso y  casi siempre feliz; claro que  también predecible y no exento  de lugares comunes, pero  que resuelve desde el guion  hasta una puesta en pantalla  que amarra sus elementos  fundamentales, y se apoya  notablemente en el carisma  y el sólido desempeño de sus  protagonistas, sobre los hombros  de la ex conductora televisual  Virgine Efira (premiada  en el aludido festival)  y François Xavier Demaison  (quien pudo compartir el lauro)  —ambos estuvieron en La  Habana, presentando el filme—  así como un grupo de no  menos brillantes secundarios  (Arnelle Deustch, Rafael Personnaz,  Brigitte Roüan…)  

En una línea diametralmente  opuesta, Carlos (Francia-  Alemania) realizada en el  2010 por Olivier Assayas —director  de amplia y reconocida  trayectoria, con títulos como  Rendez-vous, El dorado, Noise,  Clean, y uno que se incluye  este año, en la retrospectiva  de la actriz Isabelle Huppert:  Los destinos sentimentales—,  sigue a ese personaje apodado  El Chacal, como se sabe, figura  clave del terrorismo internacional  en las décadas del 70 y  del 80 del pasado siglo, responsable  de atentados que causaron  no pocas muertes, y del secuestro  de los representantes,  en Viena, de la Organización  de Países Exportadores de  Petróleo, quien cumple cadena  perpetua en Francia por el  asesinato de tres personas.  

El biopic —resumen de  165 minutos de una miniserie  con el doble de duración que  fuera presentada en Cannes—  detenta, como atractivo inicial,  el referirse a un individuo  no solo famoso sino “vivo  y coleando”, luego Assayas  ha seguido la figura con paso  firme, dentro de un montaje  dinámico y bien armado, que  contribuye a una diégesis sin  descenso del ritmo, morfológicamente  cercana al documental  y que presenta un retrato  objetivo y analítico del ser humano,  más allá del (anti)héroe.  Revela su transición de una  postura, sin duda errada en  sus métodos pero auténtica en  sus convicciones, a un acomodamiento  oportunista y aburguesado  que justamente era  uno de sus blancos; su ascenso,  decadencia y caída a la par  de una historia que le “pasa la  cuenta” y la relación estrecha  entre vidas privada y pública,  lo cual implica también una  mirada a quienes lo rodearon  (colegas, compañeras sentimentales,  víctimas…).  

El actor venezolano Edgar  Ramírez, quien además  de cine de la región (Punto  y raya, Elipsis, Plan B) ha  extendido ya su carrera con  cierto éxito a Hollywood  (Domino, El ultimátum de  Bourne, Che el argentino…)  recibió por su representación  del personaje un merecido  César (Oscar francés) a la revelación  masculina del año.  

El animado Una vida de  gato (2010, Francia/Holanda/  Suiza/Bélgica), dirigido por  Jean Loup Felicioli y Alain  Gagnol despliega, en 70 bien  aprovechados minutos, una  divertida parodia del “cine  de género”. El noir, la aventura  y el suspense combinan  con la comedia en trazos ágiles  y dinámicos que siguen a  Dino, un gato de “doble vida”  y las peripecias que comparte  con un peligroso ladrón y  la pequeña hija de una comisaria  de policía que ha perdido  a su esposo a manos de  aquel. Secuestro, persecuciones,  identidades ocultas, una  gigantesca estatua y otros  tantos motivos de este tipo de  cine, son recreados (animados)  por los directores imitando  la iluminación turbia  de tales historias, los movimientos  de cámara rápidos y  atrevidos y el habitual clima  de peligro y zozobra, que en  los márgenes del humor genera  una grata combinación.

A estos filmes hay que  agregar otros estrenos que  la XV edición del Festival  de Cine Francés ha traído  a Cuba y que además de  ocupar importantes salas  capitalinas (Chaplin, Riviera,  Acapulco, La Rampa, la  sala 1 del Multicine Infanta)  hasta el 23 de mayo, llegan  también a otras ciudades  del país.