Si tiene dudas… una prueba rápida de VIH las puede descartar

“La prueba rápida es uno de los  métodos diagnosticadores por el  que mediante una gota de sangre  del dedo (dactilar) se puede conocer  en aproximadamente unos 10  minutos si la persona se ha puesto  en contacto o no con el virus del  VIH”

“La prueba rápida es uno de los  métodos diagnosticadores por el  que mediante una gota de sangre  del dedo (dactilar) se puede conocer  en aproximadamente unos 10  minutos si la persona se ha puesto  en contacto o no con el virus del  VIH”, definió el licenciado Walter  René Castillo Escalante, coordinador  provincial de las líneas de  consejerías en ITS-VIH/sida en la  capital.  

Nos explicó que el sistema de  determinación de un caso en Cuba  comprende primero una prueba  rápida o un análisis de ELISA, y si  esta responde positivamente o su  resultado es reactivo, se toma una  primera muestra de sangre total.  Posteriormente, en el Laboratorio  Nacional de Referencia la sangre  pasa por un proceso de estudio del  antígeno y los anticuerpos que, si  dieran reactivos, se manda a pedir  una segunda toma de muestra  sanguínea llevándola a realizar  un Western Blot, que ofrecerá el  resultado final y la posible inserción  de la persona —si esta lo considera—  en el sistema nacional de  salud.  

De esta manera muy sucinta,  nos narraba el licenciado Castillo,  coordinador igualmente de la  Línea de Jóvenes y Adolescentes,  la posibilidad que se ofrece a toda  persona con dudas de infección  por el VIH si ha mantenido una  relación sexual desprotegida, de  conocer su estado serológico y saber  si se ha puesto en contacto con  alguna infección de transmisión  sexual.  

“Pero lo importante es usar  el condón de manera preventiva,  y evitar llegar a nuestra consulta  con estas preocupaciones”.  

Explorar nuestros miedos  

En las consejerías que existen en  todas las áreas de salud de la capital,  las personas van en busca de  información, aclarar inquietudes  y dudas, explorar sus miedos, contar  lo que han hecho… y la incertidumbre  de haberse puesto en contacto  con una ITS o el VIH.  

Ahí están los consejeros, preparados  para comprender al ser  humano que está delante. ¿Quién  es esa persona? ¿Qué necesita?  ¿Qué le preocupa? ¿Qué conoce  del tema? ¿Cuál es la información  que tiene con respecto a lo que nos  viene a hablar? ¿Cuál es el apoyo  emocional que le podemos brindar  a través de ese contexto? ¿Cuáles  son sus recursos personológicos?  ¿Cómo se ha comportado ante  situaciones difíciles con anterioridad?  ¿Con quién ha contado en  esos momentos difíciles? Porque  irremediablemente va a venir un  resultado después de ese proceso.  Toda persona a quien se le indique  una prueba de VIH, tiene que ser  con su consentimiento expreso.  

Jóvenes, mujeres, mayores  

“¿Mis experiencias?”, reflexionó  Walter, con más de 10 años en este  quehacer. “Hace años conversé con  un hombre mayor —tenía 57 años—  quien durante un viaje de trabajo  por un país de Latinoamérica tuvo  una relación sexual sin preservativo.  Estaba muy nervioso, se acercó  a hacerse la prueba y nos contó.  Explicó que no usó condón ya que  era un lugar nuevo para él y no sabía  dónde adquirirlo... La situación  se le apareció… y fatalmente el resultado  dio positivo. Lo que más recuerdo  fue el dolor que le causó tener  el virus porque había infectado  entonces a su esposa de toda la vida,  a la madre de sus hijos. Y eso no se  lo perdonaba”.  

“Otra experiencia fue el joven  que vino porque se le rompió el condón  y quedó con esa preocupación.  Hay un período de ventana —de  tres meses— desde que uno se pone  en contacto con el virus hasta que  puede aparecer en los análisis, y la  persona pasa por una situación de  preocupación antes de decidirse a  hacerse la prueba. En este caso el  resultado fue negativo, pero aprendió  que él se ponía mal el condón y  por eso se le rompía; es que existe  una técnica a la hora de ponerse que  si no se conoce, coge aire, y en la  fricción evidentemente se rompe”.  

La mayor asistencia: mujeres  

Abundando en el tema, el licenciado  Castillo explicó que la mujer es  vulnerable biológicamente —al ser  receptora de semen— y también socialmente.  Hay el caso del hombre  que sabe que su esposa no terminó  su carrera, se dedicó a la casa y a  los hijos, y cuando ella le dice, ante  algunas dudas, “yo quisiera usar  condón”, él le responde: “Mira, si  tú me sigues pidiendo eso, te voy  a dejar…” Y entonces la mujer angustiada  piensa “no le digo más del  condón o de lo contrario me abandonará,  quedaré sola y con hijos  que no puedo mantener”. Porque lo  del condón es una negociación. Comunicarse  y negociar, prosigue el  coordinador de las líneas de consejerías  de la capital.  

“Hice un cierre del año 2011  y la mayor cantidad de personas  que acudieron a mi consulta fueron  del sexo femenino, y las edades  más frecuentes estaban entre  los 25 y los 45 años”, concluyó.