Traigo entre mis medicinas el latir de mi hogar
Estas líneas hablan de Mayra, la doctora de mi barrio, una muchacha que bien pudiera prestar su rostro para un retrato de ángeles y engrandecer la primavera con la ternura de su voz. La descubrí aún antes de haber cruzado el primer saludo con ella. Había escuchado a mis vecinas comentar de su laboriosidad y entrega espontánea, hasta el punto de emplear cada hora de descanso en visitas a no pocos enfermos, a quienes lleva además hasta su misma casa el turno gestionado por ella con especialistas del centro asistencial de la comunidad o la certificación de una dieta solicitada, tan pronto esta es depositada en sus manos.
Un buen día decidí visitarla. Y allí estaba la doctora Mayra, tras su mesa de trabajo, callada, y atenta de cuanto relata siempre con lujo de detalles la persona aquejada de una dolencia a su médico. Tan acostumbrada está a escuchar, que fue un tanto difícil oírla hablar de su trayectoria profesional, marcada desde los inicios por un quehacer meritorio. Tras haberse titulado como Médico General Básico el 4 de enero del año 2007 y diplomarse en Urgencias Médicas del Adulto en el hospital Manuel Fajardo, marchó a Venezuela para cumplir misión. Allí pasó cuatro años y cuatro meses en el Centro de Diagnóstico Médico Integral creado en beneficio de la población humilde del Estado de Carabobo.
No obstante, esta profesional de la Salud, nacida en Manzanillo hace 28 años, considera que su principal obra y compromiso están en la labor de asistencia primaria que la acerca ahora a cada ser humano en este vecindario del municipio Plaza de la Revolución, donde hace su oficio de hada madrina de quienes han visto quebrantada su salud. “Siento que es una necesidad convertirme en la amiga de cuantos acuden a mi consulta”, dice, sin abandonar su sonrisa. “Cuando los veo recuperarse de sus dolencias me siento dichosa; trabajo sin descanso con ese objetivo. En aliviar el sufrimiento ajeno está el sentido de mi vida”.
¿Qué de dónde extraje ese espíritu? De la formación que me dieron mis padres. Crecí entre personas capaces de ofrecer amor y que hoy continúan siendo el paradigma de mi existencia y de todas mis realizaciones, a las que se ha sumado un hombre generoso con quien enrumbo mis pasos en esta tierra, donde sé que puedo alcanzar cuanto necesito para ser feliz.



