Hasta la última bala
Eduardo García Lavandero no pudo ver realizados sus sueños revolucionarios. Más de medio centenar de proyectiles disparados por sicarios del régimen troncharon su vida cuando apenas contaba con 36 años de edad. Una vil delación los llevó hasta la tintorería situada en Vapor No. 70, donde había buscado amparo en la tarde del 23 de junio de 1958, luego de resultar herido en un ocasional intercambio de disparos.
Nació en Pinar del Río, el 5 de junio de 1922, y muy niño la familia se trasladó a Artemisa, donde llegó a presidir la Asociación de Alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza de Artemisa, etapa en la cual también militaba en la organización Acción Revolucionaria Guiteras.
Más tarde se incorporó al partido Auténtico, como parte del cual, junto con Evelio Prieto Guillaume, en diciembre de 1956 estaba encargado de custodiar un alijo de armas enviado desde Estados Unidos por el derrocado presidente Carlos Prío Socarrás.
Al apartamento donde las guardaban (en la calle 12, frente al Vedado Tenis) se había mudado José Antonio Echeverría, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios y secretario general del Directorio Revolucionario, que estaba urgido de conseguir armas porque sus miembros habían asumido la vía insurreccional como único modo de solucionar los problemas de la nación.
Significativo refuerzo
Convencidos de que el único objetivo de Prío era dar la impresión de que se preparaba para enfrentar al régimen que lo había depuesto, Eduardo y Evelio entregaron las armas al Directorio y engrosaron sus filas.
Esa decisión fue un importante refuerzo, por cuanto Eduardo poseía la experiencia de haber participado en la lucha contra el primer Gobierno de Fulgencio Batista, y ante el golpe de Estado promovido por este el 10 de marzo de 1952 se lanzó de nuevo al combate, sin escatimar en el sacrificio que representaba la separación familiar y abandonar el cultivo y venta de tabaco, negocio al cual se dedicaba por entonces.
De inmaculada ejecutoria a pesar de proceder del desacreditado Partido Auténtico, rápidamente se agenció la simpatía de los demás miembros del Directorio, y se identificó totalmente con la vía insurreccional y el sentido unitario, lineamientos fundamentales de esa organización.
En correspondencia con ellos, abogaba por la unidad, lo cual explica su presencia en los mítines organizados por Fidel para recaudar fondos con destino a la expedición armada que preparaba en México.
Consideraba que la única opción para Cuba era llevar a cabo transformaciones radicales que pusieran fin al ineficaz régimen socioeconómico y político impuesto en ella desde la instauración de la república neocolonial.
Osadía y valor a toda prueba
Su primera acción con el Directorio ocurrió a las 11 de mañana del 13 de enero de 1957, cuando participó en la quema de alrededor de unos siete carros patrulleros de la policía (conocidos entonces como perseguidoras) guardados en la agencia Ambar Motors, en 23 y P, en La Rampa. A fines de ese propio mes participó en un infructuoso intento de ajusticiar al teniente Menocal, en Bauta. Cuando regresaban pasaron frente a la casa del jefe del Buró de Investigaciones, coronel Orlando Piedra, en Quinta Avenida y 84, en Miramar, se percataron de que se disponía a salir y decidieron ultimarlo, pero solo lograron herir a dos de los escoltas.
De Estados Unidos a la patria
No participó en las acciones contra el Palacio Presidencial y la emisora Radio Reloj por encontrarse en Estados Unidos, con la misión de activar el envío de armas a Cuba; pero allí recibió a los sobrevivientes llegados a ese país, con los cuales redobló las actividades proselitistas y de recaudación de fondos.
En febrero de 1958 integró la expedición del Scapade, encabezada por Faure Chomón Mediavilla, que arribó al país por las costas de Nuevitas el 8 de febrero de 1958. Al mes siguiente se trasladó a la capital como jefe nacional de acción de su organización.
Cuando fue descubierto en la tintorería, Eduardo había llegado hasta el fondo del local donde fue arrinconado por los esbirros. Contra ellos se batió con fiereza, hasta la última bala.
Casi un año antes, al resumir un pequeño acto en Nueva York, Eduardo le había asegurado a los presentes que daría su vida por la revolución. Y lo cumplió.
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Comentarios
QUE CLASE DE REVOLUCIONARIO
QUE CLASE DE REVOLUCIONARIO EDUARDO GARCIA LAVANDERO!!! GLORIA A SU MEMORIA!!! ES PRECISO QUE EN TODAS LAS ESCUELAS DEL PAIS HOY SE HONRE SU MEMORIA Y SE CONOZCA DE SU VIDA ESTOICA.
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