Falleció Rubén Rodríguez Gavaldá, padre de la alergología cubana
Siempre maestro. Siempre aprendiendo. Tal era una máxima del Doctor en Ciencias Médicas Rubén de los Ángeles Rodríguez Gavaldá, para todos el Padre de la Alergología cubana, y quien falleciera la víspera en La Habana tras prolífica vida dedicada al tratamiento de enfermedades alérgicas, fundamentalmente en niños y adolescentes.
Graduado como médico en 1941, ejerció su profesión por más de 70 años, y al fallecer archivaba una envidiable hoja de servicios en favor de la salud pública cubana y mundial, pues numerosas fueron las condecoraciones que recibió de prestigiosas organizaciones médicas internacionales.
Difícil sería enumerar los centros donde prestó servicios, aunque a decir de muchos, su labor más querida fue la de organizador en 1960 del Servicio y el Laboratorio de Alergia e Inmunología en el Hospital William Soler, una emblemática institución pediátrica recién inaugurada por la Revolución triunfante.
Como resultado de la gran reforma universitaria en 1962, al restablecerse la asignatura de Historia de la Medicina fue uno de sus Profesores. En 1967 disfrutó de una beca del gobierno francés en el Instituto de Inmunobiología de París y a su regreso introdujo en Cuba los conocimientos básicos de Inmunología.
Doctor en Ciencias Médicas en 1981, Miembro de la Comisión Nacional de Ética Médica desde su fundación en 1983, Especialista de Segundo Grado en Alergología desde 1987, Miembro del Tribunal Permanente de Ciencias Clínicas para el otorgamiento de Grados Científicos, desde sus inicios en 1987, y Presidente del mismo hasta hace apenas dos años.
Profesor de Mérito de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana e Investigador de Mérito del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.
Fue fundador del Comité de Solidaridad Cubano con Viet Nam. Miembro Titular y de Honor de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina. Miembro de la Sociedad Cubana de Alergia desde su fundación y Vicepresidente de la Sociedad Cubana de Inmunología, también desde su fundación. Miembro de la Sociedad Cubana de Pediatría.
Hombre comprometido con su tiempo, fue de los que no abandonó a su pueblo cuando al triunfo de 1959 marcharon a Estados Unidos más de la mitad de los médicos cubanos. Desde entonces compartió con su pueblo alegrías y tristezas, añoranzas y deseos.
“Me siento agradecido por todas las condecoraciones recibidas, pero con especial orgullo guardo el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Creo que en ella se resumen mi vida”, dijo en cierta ocasión.
Hoy en horas de la mañana al despedir sus cenizas, una frase de su hija lo dibuja eternamente: “sembró ideas, fue un sabio”.



