De la orilla y de la esquina

El programa colateral de la Bienal incluye al taller de los reconocidos artífices Alicia Leal y de Juan Moreira

La 11na. Bienal de La Habana es un abanico de expresiones humanísticas donde hay de todo y para todos, desde los presupuestos conceptuales emanados del tema general de esta edición: Prácticas artísticas e imaginarios sociales. El amor, ese extraordinario sentimiento que mueve las más nobles causas, es protagonista excepcional en este encuentro, cuyo éxito ha sido posible gracias a esa entrega de los creadores por ofrecer lo mejor de su arte a través de exigentes producciones que encumbraron una estética general sin precedentes en este evento.

Pero también el amor pasional, surgido de la febril unión conyugal, integró el programa colateral de esta cita del arte contemporáneo. En tal sentido, quisiera referirme al taller de los reconocidos artífices Alicia Leal (Sancti Spíritus, 1957) y Juan Moreira (La Habana, 1938), que bajo el título De la orilla y de la esquina, ofrece al espectador una mística comunión entre las fotografías de la primera y los sarcásticos, atrevidos y sinceros poemas de su esposo.

En De la orilla… no encontraremos las tradicionales ilustraciones condicionadas a los discursos líricos, sino el descubrimiento y recreación plástica de la espiritualidad que de ellos emana, es decir, la interpretación o la resonancia intelectual y sentimental que estos produjeron en la polifacética creadora, que en cada una de estas imágenes trasluce dos elementos básicos en su carrera artística: su fantástico universo como pintora y sus sorprendentes cualidades como fotógrafa; dos expresiones íntimas y provocativas que ella asume con libertad, para impregnar en el espectador disímiles emociones derivadas de sus personalísimas narraciones que siempre echan anclas sobre el hombre, la naturaleza y las diversas exigencias que impone el difícil “oficio” de existir en estos tiempos.

La exposición está ubicada en dos amplios salones de su fabuloso hogar, una casona casi centenaria, de estilo ecléctico, ubicada en la barriada capitalina del Vedado. Allí vive esta familia de renombrados artistas, integrada además por la bailarina de formación clásica, Ana Moreira, y su esposo, el artista Reynier Leyva Novo, quien, por cierto, es uno de los participantes de Cuba en el programa oficial de la Bienal con su emblemático proyecto El deseo de morir por otros —inspirado en algunas de las armas pertenecientes a jefes militares cubanos de las guerras de independencia del siglo XIX—, ubicado en los exteriores del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana.

Desde que se penetra en el umbral de la blanca e iluminada residencia de la familia Moreira-Leal se respira una apacible espiritualidad que somete y extasía. Aureolas del arte, la historia, la cultura se interponen ante la presencia del visitante. En un recibidor, donde antes evidentemente existió un portal, están algunas de las enormes vallas —impresas en telas de medianos formatos— que realizó Juan en los años 50 cuando era connotado realizador de diseños de anuncios comerciales. Hacia adentro, en medio del primer salón, varias carpetas con obras de la pareja de pintores. Alrededor, ocupando todas las paredes, las 15 fotografías de Alicia, inspiradas en igual número de poemas del esposo, los cuales seleccionó entre más de 40, para darles (otra) vida, con el lente de su cámara.

La nobleza y sencillez de esta apacible mujer eclipsa la resonancia de una trayectoria que suma ya más de 25 exposiciones personales y unas 200 colectivas; personalidad que no es menos sensible y amistosa en la hidalguía de caballero espléndido de su compañero en el arte y en la vida, cuya carrera sobrepasa las 30 muestras individuales y más de 500 realizadas junto con otros artífices.

La amable acogida en el estudio-taller-vivienda de Alicia y Juan, está moteada por la presencia de Annia González, una joven asistente que sirvió de modelo en muchas de las fotos expuestas en De la orilla…, muestra igualmente pensada para trascender los límites de aquel seductor espacio, mediante un libro-catálogo con los poemas y sus adecuadas interpretaciones fotográficas.

Si bien Alicia y Juan han traspasado fronteras con sus respectivas maneras de expresarse a través de la pintura, cierto es que tanto una como el otro, son “atrevidos inconformes” con su obra y consigo mismos, circunstancia que los mueve a la experimentación, a la búsqueda de nuevos lenguajes dentro del variopinto universo de la creación artística insular. De ahí, precisamente, surge esta muestra, cuyo motor es esa química amorosa que los une.

Entre los poemas de Juan hay varios evidentemente inspirados en su adorable musa: “Dame un beso al anochecer y otro al amanecer/ y soy tu esclavo”; mientras que en las fotos de Alicia hay como una suerte de diálogo comprometido, de efusiva fidelidad… Así se evidencia en estas imágenes que también, como los poemas, hablan de miedos, credos, galaxias, arañas, miserias, vírgenes, falsedades… y mucho más extraído de la vida misma.