Sin más pretensión que la maravilla

El retorno del quinto mago, un libro de relatos sobre el universo familiar del Indio Naborí, será presentado en esta XLV Jornada Cucalambeana con la presencia de su autora

Dice bien Alba María Orta Pérez al considerar  su ópera prima, El retorno del  quinto mago, como una sencilla obra de  amor filial, sin pretensiones de escritura  trascendente. Prefirió dejarse llevar, de  la más natural manera, por la necesidad  de relatarnos sin afeites y con cercanía  tangible, pasaje tras pasaje y anécdota  tras anécdota, la vida de su padre Jesús  Orta Ruiz, el Indio Naborí.  

El saldo es un retablo acogedor y  cálido como la atmósfera misma que  forjó el poeta en su ámbito hogareño,  que se nos ofrece en estas páginas con  la candidez conmovedora y la ternura  testimonial que solamente la autora o  sus hermanos podían lograr, a fuer de  escuchas absortos de relatos paternos  y maternos, testigos de excepción, y al  mismo tiempo retoños de ese bienhechor  universo familiar.  

La infancia de Naborí, la temprana  evidencia de sus dotes, la sagacidad popular  de sus mayores en debate permanente  con los mitos ahijados por la escasa cultura  en que la época sumergía a los humildes,  dan inicio al volumen para llevarnos  luego de la mano a los dolores tremendos  por la pérdida del primogénito, al suspiro  aliviado de la pareja por la llegada de  otros vástagos, mientras se va forjando la  personalidad artística y literaria con que  se insertó Naborí en la avanzada del panorama  cultural de la nación.  

Todo aquí está dicho de manera tan  vívida, que puede el lector sentirse como  en la propia casa, tal si hubiera traspasado  mágicamente el umbral hacia un  recinto de humanas honduras, al que ha  sido invitado acaso al conjuro de aquel  mítico Entre, y perdone Usted.  

Pero qué voy a decir yo a favor de  estas magias de llaneza escrituraria,  si ya Virgilio López Lemus nos develó  en el prólogo la piedra angular de este  misterio: Si Naborí —como acertadamente  explica— es por rasgo distintivo  un poeta del amanecer; si advertimos  —como Virgilio nos advierte— que la  autora es la única hija del bardo y su  Eloína, nacida entre dos varones llamados  Jesús y Fidel, y para la cual quiso  la pareja el nombre de Alba, ¿qué de  extraño puede tener que “ella haya sabido  ver en la muerte del padre la propia  resurrección constante del poeta”?  

Ya validará el lector estas presunciones  de quien escribe. Y convendrá en  que lleva razón Alba, la China, al considerar  su libro una obra sin pretensiones,  sin otra que la sencillez, la inefable  sencillez de los sentimientos puros que  nos lleva, precisamente por no pretenderlo,  directa y amorosamente a la  maravilla. 

Si un empeño ha animado a los organizadores de la Jornada Cucalambeana en  su edición 45 —del 27 de junio al 1º de julio—, es la recuperación de elementos  históricamente distintivos en la fiesta mayor de ese gran complejo que conforman  la cultura campesina y la décima en todas sus variantes. En el caso de la  décima escrita —no necesariamente de índole rural—, recobrar el Premio Cucalambé  es ya ganancia significativa, tras la interrupción en el 2011 de ese certamen  literario con varias décadas de vida. Esta Jornada, además, honrará a los  más emblemáticos escritores decimistas de los siglos XIX y XX, el Cucalambé  y el Indio Naborí, en los aniversarios 183 y 90 de sus natalicios.