Sudaneses sin paz y sin fortuna

Sudán y Sudán   del Sur, no han logrado consolidar  su estabilidad política, solucionar   pacíficamente los conflictos que  históricamente los dividen, ni paliar  las secuelas de la pobreza y las hambrunas  que agobian a sus poblaciones  

Dotados de grandes riquezas naturales,   con una privilegiada situación   geográfica en la estratégica región   del norte de África, Sudán y Sudán   del Sur, no han logrado consolidar   su estabilidad política, solucionar   pacíficamente los conflictos que   históricamente los dividen, ni paliar   las secuelas de la pobreza y las hambrunas   que agobian a sus poblaciones   antes y después de obtenidas sus   respectivas independencias.   

Sudán del Sur, hasta el pasado   año parte del territorio de la República   de Sudán, logró, mediante referéndum   popular su emancipación   el 9 de julio del 2011, después de un   largo período de guerras fratricidas   y conflictos étnicos y religiosos con   el Norte, que causaron unos 2 millones   de muertos, decenas de miles de   refugiados y la pérdida del hogar a   4 millones de personas.   

En enero del 2005 esa región   austral había obtenido su autonomía   por el acuerdo de paz suscrito con   el Gobierno sudanés en la ciudad   keniana de Naiwasha, auspiciado   por la Unión Africana (UA) y varios   mandatarios de naciones vecinas.   

Sin embargo, la constitución del   nuevo Estado, con una superficie de   619 mil 745 km2 y un estimado de 8   millones 300 mil habitantes, no puso   fin a las rivalidades ni tampoco a las   penurias de sus población. 

Muy a pesar del pretendido   principio de reconciliación y de un   acercamiento hacia la paz, llevado a   efecto el pasado verano entre Salva   Kiir, presidente de Sudán del Sur, y   su homólogo Omar al Bashir, de la   República de Sudán, las hostilidades   han vuelto a cobrar una extrema   violencia, atizada por el interés   que despierta el petróleo, localizado   mayormente en la zona meridional.   

Las grandes reservas de crudo   que alberga el territorio sursudanés   y la no delimitación de sus fronteras,   anunciaron desde los primeros días   de su independencia la posibilidad   de la reanudación de los conflictos   entre ambos países por la posesión   de este recurso energético.   

Con su independencia, el Sur   consiguió tres cuartas partes de las   reservas de hidrocarburos del territorio,   pero todos los oleoductos y las   instalaciones de exportación se encuentran   todavía en el norte.   

A tal realidad se suma que mientras   este último muestra sus deseos   de conservar las ricos yacimientos   de la región de Abyei, el Sur reafirma   su voluntad de poder disponer   por fin de una riqueza que se le ha   negado durante dos décadas de devastadora   guerra civil.   

Estas apetencias provocaron   desde finales del 2011 incidentes   violentos en la zona fronteriza entre   ambos países, considerada límite   entre el mundo musulmán y   el cristiano y también entre tribus   de origen árabe y pueblos nilóticos   de raza negra, como los dinka y los   nuer, sin que las conversaciones bilaterales   para buscar un acuerdo   rindieran fruto.   

La evidente falta de voluntad política   para solucionar de manera pacífica   los conflictos condujo a dirimirlos   mediante las armas, con devastador   saldo para ambas poblaciones.   

Un informe de la Oficina del Alto   Comisionado de Naciones Unidas   para los Refugiados (Acnur), establece   que el número de los que continúan   huyendo de los combates hacia   naciones vecinas, supera los 200 mil.   

Según organizaciones humanitarias,   el panorama de los refugiados   es dantesco, los más débiles mueren   mientras caminan, tan deshidratados   que ni la asistencia sanitaria   puede ya salvarlos y la huida masiva   de aldeas enteras, que escapan de la   guerra y el hambre, está provocando   la muerte por agotamiento y sed de   cientos de personas.   

En medio de este desolador escenario,   otro conflicto esta latente,   tropas del Gobierno sudanés y las   milicias rebeldes del Movimiento   Popular para la Liberación de Sudán   Sector Norte (MPLS-N), se enfrentan   en Al Faraquel, provincia   de Kordofán del Sur, una de las más   ricas en reservas petroleras.   

Los insurrectos del MPLS-N   mantienen su oposición armada   contra la Administración sudanesa,   acusados por el Gobierno de Jartum   de recibir apoyo del Sur.   

Hasta el presente todos los intentos   de la UA, diferentes Estados   africanos, China y otras capitales,   para reconciliar a ambos contendientes   han sido infructuosos, mientras   las grandes potencias permanecen   al acecho con los ojos puestos en   el petróleo que alberga el subsuelo   sudanés.