Callos en el alma

Ejemplar condena en Argentina inicia el fin del capítulo de impunidad, por el robo “institucionalizado” de bebés secuestrados tras el asesinato de sus padres.

Era tan solo una recién nacida cuando sus padres biológicos, Hilda  Torres y Roque Montenegro,  fueron detenidos y luego torturados,  asesinados y desaparecidos por  los cuerpos represivos. Conducida  primero junto a ellos hasta el centro  policiaco, fue después dada en adopción al matrimonio con el que  vivió hasta la edad adulta. El nuevo  “padre” era Herman Tetzlaff, un  coronel del Ejército involucrado en  el operativo que llevó a sus progenitores  hacia la muerte. 

Esta historia es parte del drama  que conmociona la vida de Victoria,  como eligieron bautizarle quienes la  trajeron a este mundo o de María Sol,  nombre escogido por las personas que  la criaron, “mis apropiadores”, como  ella los llama. 

María Sol tiene clavado un conflicto  entre la razón y los sentimientos  hacia quienes creía sus padres.  Por eso los defendió ante los tribunales  cuando fueron acusados por apropiación  ilegal. “Nunca pude dejar de  quererlos”, dice al referirse a ellos. 

No obstante esos sentimientos,  también afirma: “Pero más allá del  aprecio que puedes tener por las personas  que te criaron, no es un acto de  amor robar un bebé y esconderlo; es  arrebatarte lo básico, que es tu identidad”. 

El de Victoria Montenegro Torres  es uno de los 35 casos ventilados en el  juicio concluido a inicios de este mes  en Buenos Aires por el aberrante  robo de bebés, plagio autorizado de  manera sistemática desde las más altas  instancias gubernamentales de la  República Argentina entre los años  1976 y 1983, cuando en ese país imperó  una dictadura militar que dejó  30 mil personas asesinadas o desaparecidas. 

Clara Anahí Mariani es otro  ejemplo de bebé robado. Tenía solamente  tres meses cuando una noche  agentes represivos allanaron su casa,  asesinaron a su madre y a otros militantes  de izquierda, y se la llevaron.  Su abuela, María Isabel Chorobik de  Mariani, tejía por entonces un suéter  para ella. 

Esta anciana relata las veces en  que tuvo esperanzas, luego frustradas.  Cita su momento de mayor ilusión,  cuando apareció una chica que  tenía el mismo nombre, la misma  fecha de nacimiento; pero los análisis  no confirmaron la identidad de  su nieta. “Después —dice María Isabel—  fui haciendo callos en el alma”. 

Como resultado del proceso penal  fueron condenados a penas de  privación de libertad dos exdictadores:  Jorge Rafael Videla, a 50 años, y  Reynaldo Bignone, a 15. El tribunal  los encontró culpables de haber encabezado,  cada cual en su momento,  el robo de niños. 

Otras siete personas, casi todas  antiguos miembros de los órganos de  seguridad y de las fuerzas armadas,  fueron también sancionadas a diferentes  penas, en correspondencia con  su grado de participación en los hechos  por los que fueron juzgados. 

Pero no son solamente estos 35  niños los arrebatados a sus padres.  Abuelas de Plaza de Mayo, emblemática  organización humanitaria que  durante décadas se ha dedicado a  reclamar justicia y a localizar e identificar  a los menores victimizados,  estima en más de 500 su número, de  los cuales solo 105 han recuperado la  identidad originaria. 

El monstruoso robo “institucionalizado”  de los bebés, secuestrados  tras el asesinato de sus padres o al ser  separados de sus madres luego de nacer  en cárceles clandestinas, y dados  posteriormente en ilegal adopción a  represores y otros incondicionales de  la dictadura militar, es uno de los sucesos  que mayor conmoción ha causado  durante años en la Argentina, y  también fuera de ese país. 

La sanción es calificada de histórica,  porque se aplica la justicia por  primera vez tras muchos años de infructuosos  intentos. Ha sido acogida  con generalizada satisfacción por la  sociedad argentina, que de diversos  modos reconoce el empeño puesto en  esa dirección, entre otros, por la actual  mandataria Cristina Fernández  y por su antecesor en el cargo, Néstor  Kirchner. 

El precedente sentado por la  condena contribuirá a que se haga  justicia, también, en otros procesos  abiertos por similar motivo y aún  pendientes en los tribunales de la nación  suramericana.