La huelga de José Antonio

En ocasión de conmemorarse hoy el   aniversario 80 del natalicio del inolvidable dirigente estudiantil, recordamos su incondicional apoyo a la lucha de los trabajadores

Para los dirigentes sindicalistas unitarios, el año 1956   comenzó con la expulsión   de sus únicos representantes   en la Federación Nacional   de Trabajadores Azucareros   (FNTA), apenas culminada la   huelga general que días antes   estremeció a todo el país.   

Negados a que se les continuara   escamoteando el diferencial   azucarero, en las semanas   finales de 1955 los trabajadores   de ese sector se disponían a luchar   por ese derecho.   

Aprovechando que la zafra   no había comenzado, Eusebio   Mujal, quien mediante   asaltos y persecuciones se   había apoderado de la secretaría   general de la Confederación   de Trabajadores de   Cuba (CTC), y José Luis Martínez,   secretario general de la   FNTA, decretaron una huelga   de 48 horas, a partir del 26   de diciembre de 1955.   

Se trataba de una estratagema   que les permitiría quedar   bien ante los trabajadores,   tras pactar previamente con   el tirano Fulgencio Batista la   emisión de un decreto que estipulaba   el pago de 2,7 % de diferencial   azucarero, muy por   debajo del 7,5 que aproximadamente   correspondía. Una   vez promulgado el documento,   Mujal y Martínez dieron   por finalizado el paro.   

El tiro por la culata   

Pero los dirigentes sindicales   unitarios no se dejaron engañar   y decidieron aprovechar   la ocasión para generar un   fuerte movimiento huelguístico   que alcanzó proporciones   insospechadas.   

Además del pago del 7 %   de diferencial, los trabajadores   demandaban la restitución   del 7,13 % rebajado de   sus salarios en la zafra anterior,   la reposición de todos   los desplazados, el pago íntegro   de la superproducción   y el cese de los embarques de   azúcar a granel.   

Exigían, además, la eliminación   de la cuarta cláusula   del Decreto No. 3164,   de octubre de ese año, que   permitía a las empresas la   supresión de plazas vacantes   por muerte o jubilación de un   trabajador, o por un acuerdo   concertado con el obrero.   En esa lucha, los azucareros   contaron con el incondicional   apoyo del estudiantado, muy   especialmente de los universitarios,   liderados por José   Antonio Echeverría y Fructuoso   Rodríguez, quienes semanas   antes habían prestado   su incondicional apoyo a   la huelga de los trabajadores   bancarios.   

Recuerdos de un   protagonista   

Para Isidoro Salas Álvarez,   vinculado a la industria azucarera   desde los 13 años de   edad, el papel fundamental   en aquella huelga correspondió   a José Antonio Echeverría.   

Próximo a cumplir 87   años, Isidoro, quien entonces   era de los pocos unitarios que   integraban la dirección de la   FNTA, recuerda:   

“Aprovechando que había   un gran movimiento en todo   el país ante el problema del   diferencial, fui a ver a José   Antonio porque entendíamos   que el momento era propicio   para generar un movimiento   fuerte contra la tiranía de   Batista y Mujal.   

“Empeñado en ajustarlo   todo para que saliera bien,   el líder estudiantil decidió   reunirse con los dirigentes   obreros azucareros junto con   los de la FEU, y acordamos   repartirnos por todo el país.   

“A nivel de comunidades   tuvimos el respaldo de todos   los sectores laborales: paralización   del transporte, obstrucción   de las vías, riego de   tachuelas, cierre de comercios   y pequeños talleres...”.   

Contra los huelguistas y el   pueblo que los apoyaba, el régimen   desató una brutal represión,   cuyo saldo fue de cientos   de detenidos, numerosos heridos   y dos muertos: el obrero   Heriberto Espino, de Quemado   de Güines, y el trabajador   eventual Bernardo Carreras,   de Palos, en La Habana.   

El alcance de aquellas jornadas   obligó al régimen a decretar   el pago de un diferencial   de 4,02 % para los obreros   industriales, y de 3,63 %, para   los agrícolas. Era el primero de   enero de 1956, y aunque lo alcanzado   estaba muy por debajo   de lo que realmente correspondía,   se decidió el regreso al trabajo   para evitar más atropellos   y muertes.   

“Fue una huelga obrera   que adquirió un matiz político   muy fuerte, y pensábamos   que de verdad íbamos a   tomar el país completo. José   Antonio Echeverría fue su   autor intelectual, su organizador.   Batista y Mujal jugaban   a una huelga, pero él decidió   hacer una de verdad, ¡y   lo logró! Por eso yo la llamo   la huelga de José Antonio”.