¿El parque olímpico de Londres es verde?
Londres.- La primera imagen difícilmente se olvida, aunque no necesariamente debe ser la que quede, la que perdure en la memoria para siempre.
Al menos deseo que ello me suceda con el Parque Olímpico de Stratford, el corazón de los XXX Juegos Olímpicos de Londres 2012.
La meta del proyecto original y de los organizadores de la cita (LOCOG) era lograr una inmensa “área verde”, ideal para que los seres humanos confraternizaran en un ambiente de paz y armonía con la naturaleza.
Sin embargo, pese a algunos bellos jardines ya florecidos, el Parque se antoja en realidad blanco-metálico y a ratos hasta grisáceo, por el color predominante en instalaciones, senderos, torres y en las rejas y carpas que pululan por todo lugar.
No pueden negarse la belleza y funcionalidad de la infraestructura, el buen gusto del sitio, su amplitud y la ingeniosa fusión que logran los estadios con los jardines, el río y las obras de arte emplazadas en diversos puntos.
De hecho, entre las tantas invitaciones lanzadas por el Parque está la de caminar cortas y medianas distancias para disfrutar de los encantos del sitio y poder llegar a instalaciones, comercios, tiendas y las terminales del metro y los ómnibus.
Todo ello está bien, pero falta el verde prometido, los árboles, la sombra que ellos regalan,el tono natural que muchos esperábamos, para que la majestuosidad y modernidad de los estadios y salas techadas no se robe de nuevo el show.
Ya el jueves una vista aérea desde el avión me despertó la sensación de que el verde podría haber sido una “tomadura de pelo”, y que la propuesta ecologista -ciertamente lograda- carecería de ese elemento visual indudablemente atractivo. Sobra decir que desde las alturas los jardines fueron casi imperceptibles y el verde se extrañaba aún más.
A una semana de la apertura oficial, prevista para el viernes 27 de julio, los trabajadores todavía laboran intensamente en las zonas aledañas, pero difícilmente puedan darle el toque de distinción naturalista que merecía la trascendental transformación de esta zona de Stratford.
En realidad andaban muy concentrados en colocar rejas y más rejas para evitar aglomeraciones incontrolables y para garantizar los férreos controles de seguridad que ya se palpan.
Los técnicos probaban el audio y la inmensa pantalla de alta definición que garantizará un anfiteatro natural, con un denso césped como asiento para quienes decidan o no puedan llegar a los graderíos.
Miles de voluntarios participaban en el ensayo de la ceremonia inaugural, los miembros del ejército ajustaban posiciones y barreras, en tanto decenas de periodistas y técnicos probaban locaciones y equipos.
Otro elemento disonante son las excesivas carpas que atiborran el paisaje y no dejan apreciar la maravilla edificada con muchos recursos financieros y un gran gusto. Ello difícilmente disminuirá.
No albergo la menor duda de que el parque olímpico de Stratford será verde algún día, siguiendo la tradición de una ciudad hermosa, sobre todo, por la armonía entre edificaciones y jardínes.
Pero eso será para el futuro, pues el presente se pinta de blanco, metálico y gris, a tono con los colores del cambiante cielo londinense.



