Melba: sencillez extraordinaria
A pesar de que ya no era un imberbe en el periodismo, estaba nervioso. Sabía que me encontraría con una persona excepcional, alguien extraordinariamente importante en la historia de la Revolución cubana.
No tuve tiempo de prepararme para la entrevista. Una amiga común -en ese entonces- me soltó de pronto: “¿Quieres conversar con Melba?”
Entré a la casa por una puerta lateral. Ella estaba en la sala, sentada en un sillón. Vestía de manera sencilla. Me esperaba. Se puso de pie y abrió sus brazos. Yo no atinaba a articular palabra alguna.
Pero esa sonrisa tan singular de ella y su mano que pasaba suavemente sobre la mía como hacen las abuelas y las madres con los hijos recién llegados, me hizo sentir más tranquilo.
“No quiero grabaciones”, me dijo en una especie de ruego y no de orden. Ni siquiera abrí la agenda.
Hablamos de Cruces, su localidad natal; de la impresión clandestina de La Historia me Absolverá. Hablamos de Fidel, de su inteligencia y liderazgo, de su visión futurista; de los preparativos del Moncada y el asalto. Le pregunté sobre su amistad con Abel Santamaría, con Haydée, su compañera en la lucha clandestina, en aquel amanecer del 26 de julio de 1953, en la prisión…
“De Yeyé no quiero hablar”, afirmó mientras dos lágrimas aparecieron en sus ojos.
Mis interrogantes quedaron relegadas. Tomó la palabra y me explicó con sapiencia y lujo de detalles, como hacen las buenas maestras, las razones de tanta lucha revolucionaria, de tanto sacrificio, de tanta entrega. Hizo un esbozo de cómo ella apreciaba en ese instante (década de los años 90) el futuro de Cuba, a pesar de las muchas dificultades.
Y tuvo una deferencia extraordinaria: me contó una anécdota inédita, ocurrida durante la estancia de los expedicionarios del Granma en México y relacionada con la honestidad financiera y moral del líder de la Revolución. “Pero no puedes publicarla ahora –me advirtió-; tengo que consultarle a Fidel”.
Pasado el mediodía salimos al jardín de la casa y nos hicimos una foto. Me despidió con mucho cariño y con una advertencia en tono cariñoso y a la vez respetuoso: “Mira a ver bien lo que vas a poner en el periódico”.
Pasados los años, Melba visitó a su natal Cruces por un acontecimiento que no recuerdo con exactitud. En la oficina del presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular (Gobierno) los periodistas la abordaron con interrogantes sobre su vida en esa localidad cienfueguera. Yo me quedé detrás. Casi al final del encuentro me acerqué a ella. Abriendo los brazos me preguntó: “¿Y tú no me ibas a saludar? No te lo hubiera perdonado”.
Así es Melba Hernández Rodríguez del Rey, la Heroína del Moncada, extraordinariamente grande, sencilla y amable a la vez, cariñosa y maternal, fiel siempre a Fidel y a la causa de la Revolución.
Hoy cumple 91 años de edad.
Llegue a ella, junto con la felicitación merecida, el abrazo grande y a la vez sencillo de los muchos que la queremos y admiramos.



