Ridiculizar la muerte de animales no puede ser gracioso
El respeto hacia los animales por el hombre está ligado indisolublemente al que deben mostrar los humanos entre ellos mismos; por eso, tanto la educación que se les brinda a los niños en sus hogares, como la que se les imparte en las escuelas debe enseñar a observar, comprender y amar a los animales.
Por eso se pudieran catalogar de aberrantes las competiciones escolares que todos los años celebran los alumnos de la Escuela Unit de Nueva Zelanda.
Con el objetivo de recaudar fondos, la escuela tolera que los niños disfracen con vistosos trajes a zarigüeyas muertas encontradas en los bosques que rodean la zona donde residen; y, como si esto fuera poco, luego de disfrazadas se colocan los cadáveres en “posturas graciosas” para tomarles fotografías.
Por eso es comprensible la indignación de numerosas asociaciones protectoras de los animales que se aúnan bajo la fuerte convicción de que debe existir un respeto absoluto tanto a la vida como a la muerte del resto de las especies que pueblan la tierra.
Juntar dinero con cualquier objetivo, por muy filantrópica que sea la causa, no puede conducir a conductas tan poco éticas como la de los maestros de la escuela Unit que apoyan la declaración del director del centro de que "todo el mundo la pasó bien. Nos divertimos. Nadie mató a nadie. Además, los animales no son la única especie que es vestida luego de su muerte. A los humanos también se nos viste".
Enseguida voceros de las asociaciones que protegen a los animales respondieron a esas declaraciones asegurando que "es una pena que una escuela esté animando a sus educandos, y lo que es peor, con el apoyo de sus padres, a hacer esto. No vemos cómo motivar a los niños a jugar con los animales muertos de esta manera se pueda considerar aceptable. Ayuda a recaudar dinero para la escuela, pero estamos seguros de que hay maneras menos morbosas para hacerlo", concluyeron en un comunicado.
Como a los maestros no parece importarles las críticas lanzadas por las asociaciones protectoras de animales, vale entonces la pregunta: ¿Hasta dónde los padres pueden ser tolerantes y partícipes de semejante propuesta educativa para sus hijos?
Fuente: noticiaslocas



