Hay sosiego en la finca El Miedo

El misticismo que refiere apariciones, fantasmas, ruidos nocturnos escalofriantes ha sido relegado por el sosiego gracias al trabajo creador  de hombres y mujeres motivados en hacer realidad las expectativas de los visitantes...

Majestuosa, atractiva, codiciada se yergue la instalación turística Tunazúcar en predios de un lugar conocido como finca El Miedo,  en las afueras de la ciudad de Las Tunas, a unos ocho kilómetros del centro urbano.

“Ese misticismo que refiere apariciones, fantasmas, ruidos nocturnos escalofriantes… ha sido relegado por el sosiego gracias al trabajo creador  de hombres y mujeres motivados en hacer realidad las expectativas de los vacacionistas”, confirma José Alberto Más Hernández, administrador de la villa perteneciente a la empresa azucarera del territorio.

Todo cuanto han hecho en estos tres lustros tiene motivaciones especiales en los elogios y retos planteados por el General de Ejército Raúl Castro Ruz  entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosques; la heroína Vilma Espín Guillois y Pedro Ross Leal, quienes fueron sus primeros huéspedes.

 Con sus puños y letras dejaron constancias del éxito que representa para la nación contar con centros de este tipo destinados a la recreación de los trabajadores y sus familiares. Elogiaron la belleza arquitectónica de los inmuebles, el confort y convocaron al colectivo a cumplir con su misión.

Tres lustros después

Esos pergaminos los conservan como reliquias y acicate. Son las primeras cosas que me muestra José Alberto Más, “porque los tenemos a manos, son de obligada y constante consulta”, afirma.

Inaugurada el 26 de julio de 1997, horas antes del acto nacional celebrado en Las Tunas por la efeméride moncadista, desde su fundación  hasta la fecha han disfrutado de sus bondades 2 mil 716 trabajadores azucareros con sus respectivas familias, cuya cifra en conjunto sobrepasa los 81 mil vacacionistas.

José Alberto explica que esos datos solo incluyen el período de verano, que a partir del 2007 comienza para el sector en junio –cuando concluye la zafra-  y extienden hasta octubre, “es una proyección que permite estimular a más vanguardias”, confirma, y aclara que funcionan el año entero como centro de apoyo a encuentros, reuniones del Grupo Empresarial del Azúcar y de otros organismos que solicitan apoyo.

“En estos 15 años hemos logrado ingresos por más de 20 millones de pesos, lo que nos ha permitido tener un balance económico acorde a los indicadores de gastos e ingresos y la disminución del costo por peso planificado, algo que posibilita elevar el salario medio mediante el pago por resultados”, argumenta.

Y cada nueva  ocasión resurgen sus tradicionales encantos a base de mantenimientos oportunos y celo en el cuidado y conservación de las edificaciones, dos atributos muchas veces ausentes en el universo inmobiliario del país, que causan  deterioro y molestias.

“Mucho antes del actual plan vacacional nos planteamos una estrategia de reparación dirigida, fundamentalmente,  a mantener el confort de las cabañas, a las cuales les cambiamos los juegos de sala y parte de la lencería, les realizamos trabajos de pintura, de cubierta y fachada, en redes eléctricas e hidráulicas”, asegura José Alberto.

Sus aseveraciones son tangibles en esos sitios y en otros como la piscina que exhibe un entorno mejorado, así como la señalización de las áreas interiores y en los tres restaurantes de que dispone la villa.

Otra  cuestión que ocupa  al colectivo es la incorporación de  novedosas ofertas en cada etapa estival: “En esta oportunidad ponemos a disposición de los interesados un módulo con más de ocho productos comercializados por TECNOAZÚCAR y abrimos un punto de venta de la OEE con precios diferenciados que incluyen  cárnicos a la parrilla y toda la gama de refrescos  que vende esta cadena”, dice José Alberto.  

De igual manera hay opcionales –sin costo adicional- para recorrer el centro histórico de la ciudad y otros sitios de interés económico, cultural y social, y el uso de canchas deportivas.

Tunazúcar cuenta con 30 cabañas –seis dobles y 24 sencillas- que hospedan a seis y cuatro personas, respectivamente, todas dotadas de equipos de acondicionadores de aire, ventilador,  refrigerador,  teléfono, televisor  y   video por cable.

De trabajadores y huéspedes

Las rotaciones son de tres noches y cuatro días, y en cada una de estas llegan a disfrutar 30 familias  hasta con 140 integrantes; al tiempo que en la modalidad pasa/día son recibidos 20 vacacionistas diariamente, quienes tienen derecho a almuerzo, baño en la piscina y disfrute de las demás áreas.

Al bienestar de los visitantes está dedicada con ahínco Lina Matos Durán, quien llegó a la villa cuando se daban los primeros pasos constructivos: “Rellenamos jardineras, sembramos plantas ornamentales, cocos… Hacíamos de todo. Los constructores trabajaban hasta 24 horas seguidas. Yo misma muchas veces iba para la casa a las 12 de la noche o la una de la madrugada”, recuerda esta bondadosa mujer que comenzó como camarera y lo sigue siendo.

“He tenido la posibilidad de cambiar de puesto de trabajo, pero prefiero seguir en este que me permite un contacto más cercano con los huéspedes,  con su bienestar. Una les coge cariño a ellos, en un sentimiento  recíproco”, asegura.

Por su parte, María Osorio Reyes  entró al ruedo en 1997 en el puesto de camarera: “Me gusta superarme y aquí tuve la oportunidad. Por eso ingresé en la escuela de gastronomía Cucalambé, alternaba los estudios (viernes y sábados)  con el trabajo. En este lugar inicié mi vida laboral. He sido ayudante integral de cocina, jefa de alojamiento y actualmente jefa de servicios”, enfatiza.

 A Ramón Ávila Rojas y a Ariel Reynaldo Céspedes, obreros agrícolas de la UBPC cañera Máximo Reyna del municipio de Jesús Menéndez, los encontré disfrutando a sus anchas junto a la familia. “Esta es nuestra primera vez. Si fuera por nosotros nos quedábamos 15 días más. Seguro que vamos a ganar el derecho de volver”, expresan ambos con la anuencia del resto.

Osmay Norberto Montero Machado es trabajador del INDER, pero Nirma Celestino Santos –su esposa- es capacitadora de la UEB Atención a Productores Cañeros en Jesús Menéndez, por eso está en este ciclo junto a Liliana –hija- estudiante de Lenguas Extranjeras en la Universidad Pedagógica Pepito Tey, y Miguel –yerno- cantinero del hotel Cadillac.

 Ellos coinciden, “la atención es buena. La estamos pasando bien. Las cabañas están muy buenas. Hay mucha profesionalidad.”