Segundo premio: Cuentapropista olímpico

Pero ¿quién es Marrero? José Luis Marrero (San Juan y Martínez, Pinar del Río, 1957) es uno de los kayakistas de mejor palmarés en la historia del remo pinero

Al adentrarse en la calle 37 de Nueva Gerona, en Isla de la Juventud, seguramente le llamará la atención una pequeña cafetería donde los clientes son recibidos casi siempre con una improvisada décima, al estilo de los más clásicos poetas campesinos. También notará que todos pasan y saludan cariñosamente al dependiente con un: ¡Dime Marrero! o ¡Cómo está la cosa Niño! y él a todos responde con la misma alegría.

Pero ¿quién es Marrero? José Luis Marrero (San Juan y Martínez, Pinar del Río, 1957) es uno de los kayakistas de mejor palmarés en la historia del remo pinero.

Al llegar y explicarle el motivo de la visita, muy amable y cortés me atendió y se puso a mi disposición.

¿Cómo llegaste a este deporte?

Siempre me gustó el remo, allá en mi pueblo, en la playa Punta Carta, desde pequeño montaba en pequeños botes y remaba. En 1975 vine a pasar el Servicio Militar a la Isla y un año después pasan por las unidades captando muchachos para practicar kayak y me anoté. Me aceptaron y así comenzó todo, con 18 años.

¿Quién fue tu primer entrenador?

El profesor Alfredo, un hombre al que el remo pinero le debe mucho y que fue el artífice de la época dorada del kayak aquí, por lo cual todos le conocen.

¿Cuándo debutaste en una competencia oficial?

En 1977, en el campeonato nacional de primera categoría, celebrado en Cienfuegos, donde obtengo las medallas doradas en K-2 a 500 y 1 000 metros y en k-4 en las mismas distancias y un bronce en k-1 a 1 000 metros, además del cuarto lugar a 500 metros en esa misma modalidad. A partir de ese momento resulté campeón nacional en ocho ocasiones.

Esos resultados seguramente le abrieron las puertas de las competencias internacionales. Participé en muchas. Te menciono algunas de las más importantes como los Panamericanos de la especialidad en México 1978, Canadá 1979 y en 1981 nuevamente en México. También en una Copa Sofía en Bulgaria, la Olimpiada Moscú 80 y el Campeonato Mundial de 1981, en Inglaterra.

¿Cómo fueron los resultados en esos eventos?

En Panamericanos obtuve ocho medallas de oro y dos platas, en la Copa Sofía, dos platas, y un quinto lugar en el Mundial de Inglaterra.

Háblame ahora de Moscú 80. Supongo que fue el momento cumbre de tu carrera.

El momento más grande en la vida de un deportista es representar a su país en unos Juegos Olímpicos y yo tuve ese honor en 1980, donde conjuntamente con mi compañero de fórmula, el santiaguero Reinaldo Cunil, logramos el sexto lugar en el k-2 a 1 000 metros, puesto no superado hasta el momento.

Podrás imaginarte, nosotros, procedentes de una pequeña isla con muy pocos recursos y en una especialidad muy cara en su práctica y casi patrimonio europeo, lograr ese resultado nos supo a oro.

Con tan buenos resultados y a los 27 años en plenitud de forma deportiva, ¿por qué el retiro?

Yo me sentía cansado y ansiaba más pasarme un fin de semana con mi familia que en una competencia de quince días en cualquier país. Además las condiciones en el alto rendimiento no eran ni similares a las de ahora, pues en ocasiones las dificultades nos exigían sacrificios enormes. Por ejemplo, en el Panamericano de Canadá nos pasamos una semana en un barco de investigaciones pesqueras de Cuba que se encontraba fondeado allí pues se nos agotó el presupuesto para la competencia.

¿A qué atribuyes que en la actualidad no logren resultados semejantes a los de tu época?

Algunos se lo achacan a la salida de Alfredo; pero a mi entender lo peor ha sido la falta de recursos de nuestra academia para sustituir los viejos y remendados implementos con que cuenta porque el río sigue ahí y los muchachos tienen interés.

Nos despedimos, no sin antes saborear un delicioso refresco de piña fabricado por este carismático trabajador por cuenta propia otrora destacado en el deporte y hoy en las delicias en la gastronomía.